
Lágrimas, mocos, dolor de garganta.
El plancton supo organizarse, y de su reunión surgió un plan: actuando juntos y después de tomar unas cuantas víctimas podía surgir una nueva fuerza, impensable para cada uno de ellos. Las cabezas de los exploradores sacrificados para el experimento son sus nuevos ojos y cabezas. Su boca son todos.
El Fondo de Cultura Económica organizó, hace más o menos un año, una exposición de ilustración infantil sobre el Distrito Federal. Se trataba de representar algo de la ciudad pero sin recurrir a los lugares comunes. Pensé en los ajolotes, que son endémicos del Valle de México, y cuya presencia en la ciudad parece anacrónica, surrealista. Xólotl, el dios mexica que le dio su nombre al ajolote, temía sacrificarse junto con los otros dioses para darle vida a los hombres, y corrió a esconderse en distintos sitios para evitar la muerte. En cada sitio que se escondía se transformaba. Cuando se escondió en el agua, tomó el nombre de a-xólotl, o xólotl de agua; y la forma del ajolote.





Esta historieta fue el resultado de la clase de Ricardo Pelaez. Una clase de las chingonas chingonas. Yo nunca he pensado hacer seriamente historietas pero hacer esta fue un experimento bastante interesante. Pensar en la historia, en la narrativa de las imágenes, la composición de los cuadros en general y de cada uno en particular, en los personajes, el guión, y demás es un ejercicio bastante enriquecedor para cualquiera que se interese en la ilustración o en cualquier cosa que implique contar historias con imágenes. Además nos hace reconsiderar una forma de expresión que suele verse desacreditada frente a la "literatura de verdad".
